y desaparece.
Porque las tardes son hondas cuando huyo de tu mirada fría y calculadora. Y nada podría volverme más loca que tú dejándome al frente de la casa, con los niños esperándonos para tomar once y dispuestos a contarnos cómo les fue en el colegio. El único pero
es que no hay niños
ni cartas de amor
ni nada que certifique
que una noche como hoy
estuviste conmigo
Acurrucado en mi hombro porque tenías flojera de enfrentarte al mundo. Y paseabas tu mano por mi pelo aleonado para dejarme más chascona, para tocarme el alma con cada uno de tus sentidos. Pero llega diciembre y te escurres por entre los días. Siempre me ilusioné con noviembre, ya sabes. Jamás he tenido un noviembre desocupado, y me ilusiono justamente porque pienso que en diciembre comienzan las vacaciones y el tiempo de ser feliz, de esa felicidad que viene acompañada de risas, de tonteras, de mucha comida y salidas.
Pero este diciembre otro gallo cantará. No habrá tiempo de comportarse como enviado del maldito Viejo Pascuero, porque a nadie le interesan los duendes tristes, porque nadie quiere acurrucarse con una frente como la mía, porque este año no fue casualidad que el sol resultara esquivo.
Tú lo sabías y no le contaste ni a Iván Torres. Y nos tuviste a todos engañados creyendo que podíamos soñar con un mejor porvenir. Uno que no llegó porque nos contaron por interno que en realidad no existía. Era una utopía que creí porque la insertaste en mi cerebro con un simple suspiro que diste el pasado diciembre
cuando estas palabras no tenían fecha de nacimiento.
es que no hay niños
ni cartas de amor
ni nada que certifique
que una noche como hoy
estuviste conmigo
Acurrucado en mi hombro porque tenías flojera de enfrentarte al mundo. Y paseabas tu mano por mi pelo aleonado para dejarme más chascona, para tocarme el alma con cada uno de tus sentidos. Pero llega diciembre y te escurres por entre los días. Siempre me ilusioné con noviembre, ya sabes. Jamás he tenido un noviembre desocupado, y me ilusiono justamente porque pienso que en diciembre comienzan las vacaciones y el tiempo de ser feliz, de esa felicidad que viene acompañada de risas, de tonteras, de mucha comida y salidas.
Pero este diciembre otro gallo cantará. No habrá tiempo de comportarse como enviado del maldito Viejo Pascuero, porque a nadie le interesan los duendes tristes, porque nadie quiere acurrucarse con una frente como la mía, porque este año no fue casualidad que el sol resultara esquivo.
Tú lo sabías y no le contaste ni a Iván Torres. Y nos tuviste a todos engañados creyendo que podíamos soñar con un mejor porvenir. Uno que no llegó porque nos contaron por interno que en realidad no existía. Era una utopía que creí porque la insertaste en mi cerebro con un simple suspiro que diste el pasado diciembre
cuando estas palabras no tenían fecha de nacimiento.