Vámonos al paraíso cuando termine de escribir para que El Cielo sea testigo de todas las cabezas de pescado que anoté en ese cuaderno, cuando Jesús, María y José eran un equipo unido, vestidos de marinero y con zapatos de charol.
Y cuando aterricemos mojémonos los pies en las pozas, porque no sería paraíso si no las hubiera, y entonces también cacemos animalitos para que después los soltemos como nunca antes lo hicimos en Santiago, porque acá está prohibido comer carne si crees en El Cielo, estos tipos nunca fueron a un lugar como el tuyo, porque nadie está dispuesto a viajar mil kilómetros al sur y adentrarse otros miles de pasos por caminos raros que no son caminos en realidad sino pasto grande, como para hacer un Pelotón mejor que todos los anteriores. Nadie sabe cómo llegar, ni menos que murió un león en tu pecho, y todo porque el pobre león era curioso. ¿Sabes? Me enteré que era un cachorro cuando eso le pasó y los cuervos se vengaron en tu vientre por desgraciado. Eso es lo que pasa cuando no te pones señalización. ¿Puedo transitar por aquí señor? Y yo esperaría que me dijeras sí, para poder abrazarte, besarte y morderte el alma antes de irme de la ciudad, pero no hay ningún letrero cerca tuyo y me cuesta visualizarte entre tanto barro y muchedumbre.
¿Estás ahí?
Como una nave impertérrita me sacudes los extremos con suavidad inusitada para que te devuelva los últimos gramos que te quedé debiendo con el chocolate que me compraste cuando tenía hambre. Uf, no sabes el hambre que tenía, y cuando llegué seguí comiendo porque sabía que el día de hoy llegaría y tendría que tener listas las maletas para irme contigo. Pero no estoy lista todavía y El Cielo nos espera sin brazos ni besos. Quiéreme tal como soy para que volvamos a ser felices, para que podamos ir a caminar, trotar, correr, saltar allá afuera, no acá adentro, porque de algún modo vamos a estallar, lo sé, y no quiero ni pensar la deuda que nos va a quedar cuando se desate la hecatombe. No dijimos que sería fácil, pero qué más da, vámonos por favor, luego, que Santiago está a punto de colisionar contigo.
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