noche

Y entre que me escribas así a que no me escribas nunca más, prefiero que no me escribas, ni me mires, ni me menciones, ni me pienses, ni nada, nada que pueda seguir haciéndonos daño. Porque creo que hasta los fuertes podemos volvernos débiles días como hoy, contigo mirándome desde ninguna parte, con tus palabras añejas flotando en mi mente como recuerdos volátiles que abrazo porque me da miedo esta soledad. Y esta soledad es distinta a cualquier otra, y feliz viviría lejos de cualquier sociedad, pero sabemos que no es de aquella sobre la que escribo.

Es sobre aquella parecida que te mencioné cuando hace años te llamé llorando después de esa película y te dije "por favor cuídate, que de verdad dejaría de funcionarme el cuerpo si no puedes abrazarme ni hablarme ni tocarme ni besarme ni apoyarme ni alentarme ni visitándome cada vez que teníamos un tiempo libre". ¿Y sabes por qué te cuento esto? Para que veas que yo no soy de aquellas que pueden soltar esas palabras con otro ser humano en esta tierra, al menos no en la misma vida, porque si hube de sentir todo alguna vez ya lo sentí y no existirán agentes en este país ni en otro que puedan reírse y hacerse los tontos. ¿Y por qué crees que nadie puede (pudo) ni podrá cagarse en el amor?

Si te respondo no sabría qué contestarte. No hoy, ni ahora, pero sé que algún día (no sé cómo ni cuándo) te lo haré saber.

feliz navidad

Si me preguntas "¿te gusta la gente?" ya ni siquiera haré el intento de decir que sí, porque resulta que nada es más aburrido que pretender que algo te importa cuando en realidad

a estas alturas

todo da igual

muchos

voy a dar vuelta un verso y lo voy a vestir de nota musical desafinada para que no se sepa que no tiene ritmo y que por ahí lo quieren adoptar

aunque él no quiera irse

y es temprano cuando oscurece porque ellos siempre están rodeados de una luz maldita que resuena en el vientre como el hijo que nunca nació porque todos sabían que ella no sería buena madre porque se droga la mitad del día y la otra mitad duerme

y qué tanto si por las noches nos da pena quedarnos dormidos
pensando en lo uno o en lo otro
como si pudiéramos evadirnos los llantos
con sus respectivos mocos
y ruegos
y confort

porque en santiago no llueve hace años y la tierra está seca
infértil de ti
de tu corazón indómito que quiero curar
porque sí
porque sí
porque sí
porque sí


y si afuera sigues golpeando la puerta te voy a amarrar los sentidos para que nunca más puedas contarme que una noche como hoy
eras como solías ser

de ese color que me fascinaba porque así se veía la tierra cuando la tomábamos entre nuestras manos y la devorábamos para ser como esa niña de Cien años de Soledad, pero

de seguro ni te acuerdas que fue un miércoles
o un martes
o un día cualquiera
que nos miramos de cerca
y de lejos
con distancias estériles

como las solía haber en ese tiempo.