Y entre que me escribas así a que no me escribas nunca más, prefiero que no me escribas, ni me mires, ni me menciones, ni me pienses, ni nada, nada que pueda seguir haciéndonos daño. Porque creo que hasta los fuertes podemos volvernos débiles días como hoy, contigo mirándome desde ninguna parte, con tus palabras añejas flotando en mi mente como recuerdos volátiles que abrazo porque me da miedo esta soledad. Y esta soledad es distinta a cualquier otra, y feliz viviría lejos de cualquier sociedad, pero sabemos que no es de aquella sobre la que escribo.
Es sobre aquella parecida que te mencioné cuando hace años te llamé llorando después de esa película y te dije "por favor cuídate, que de verdad dejaría de funcionarme el cuerpo si no puedes abrazarme ni hablarme ni tocarme ni besarme ni apoyarme ni alentarme ni visitándome cada vez que teníamos un tiempo libre". ¿Y sabes por qué te cuento esto? Para que veas que yo no soy de aquellas que pueden soltar esas palabras con otro ser humano en esta tierra, al menos no en la misma vida, porque si hube de sentir todo alguna vez ya lo sentí y no existirán agentes en este país ni en otro que puedan reírse y hacerse los tontos. ¿Y por qué crees que nadie puede (pudo) ni podrá cagarse en el amor?
Si te respondo no sabría qué contestarte. No hoy, ni ahora, pero sé que algún día (no sé cómo ni cuándo) te lo haré saber.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
cuanto dolor !!
la herida gotea sin parar
la cicatríz punza aún...
MIAE un abrazo grande pa'ti
que el 2010 traiga mucho amor y tinta a tu pluma bella
besitos de luz
FELICIDADES Y SALUD!!!
Publicar un comentario